Junto a la I90, Interestatal que une Albany (NY) con Boston (MAS) en un pueblo de nombre Springield, más famoso por cierta serie animada para la televisión, se encuentra el Olimpo del baloncesto. Ese lugar donde se recuerda a aquellos que hicieron del baloncesto lo que es, una colección de mitos y leyendas en muchos casos desconocidos para la mayoría. Y es que el deporte de la canasta ya es centenario, pero esa es otra historia. Cada año en el Naismith Basketball Hall of Fame unos privilegiados consiguen ver su foto codeándose con quienes fueron sus mitos y sus mayores rivales. Y este año la puerta ha tenido que ser ampliada, ya que llegaba el que posiblemente sea el grupo más exitoso en conjunto: tres componentes del Dream Team que fue a las últimas Olimpiadas celebradas en España, en Barcelona 1992, el año que la NBA tocó su auge mediático a nivel mundial y multiplicó sus oportunidades de negocio mucho más allá que donde llegó con el “showtime” -aunque aprovechando su impulso-. El cuarto laureado, el entrenador que más tiempo ha dirigido un mismo equipo en cualquier deporte nacional americano (y bastante distante del segundo). Así, David Robinson, John Stockton, Jerry Sloan y Michael Jordan han recogido sus trofeos y se han juntado con las múltiples leyendas que antes que ellos llegaron allí.
El pívot de los Spurs fue el primer gran pilar que llegó a la franquicia de San Antonio, un equipo que no destacó en exceso antes de hacerse con el jugador ( y esperar a que hiciera la “mili” en la armada, de ahí su apodo de el Almirante). Con él en la franquicia texana se subió de nivel, y al hacerse con un futuro Hall of Famer como Tim Duncan formaron una dupla interior que dominó los tableros de la liga ampliamente; sólo superados por el gran Shaquille O’Neal en el explendor de su carrera. Dos anillos ganó el de los Spurs. Y esos son dos anillos más que sus compañeros de HOF, quienes compartieron muchas temporadas en Utah. El pequeño pero duro base John Stockton, el mayor asistente de la historia de la NBA, encuentra así un reconocimiento a su carrera; una carrera en la que se pueden echar en falta méritos individuales o colectivos. Los primeros fueron a las manos de quien más se benefició de su incomparable entendimiento del juego y habilidad para el pase, the Mailman Karl Malone, quien seguramente entrará en el HOF el año que viene. Aun así, tiene su medalla de oro olímpica. Sloan también tiene una prolífica carrera, siempre fiel a su rocoso estilo y a sus normas y creencias, que le han llevado hasta las finales pero nunca más allá. Quizás lo más asombroso del veterano entrenador es que siguiera tras la retirada de Stockton y la salida de Malone, y decidiera continuar con la reconstrucción del equipo. No ha llegado al máximo nivel que tuvo el equipo en los noventa, pero ha sido una reconstrucción mucho más rápida que la de otros tantos ejemplos que podemos contar en la liga.
Estas tres leyendas de la canasta, sin embargo, cedieron paso al “primero de la clase”. Hasta en el Hall of Fame los del Oeste han tenido que rendir pleitesía al mejor jugador de todos los tiempos. Michael Jordan, a sus 47 años, recoge el último trofeo que le queda por recoger. Todo está dicho y escrito sobre él, poco queda que añadir. Revolucionó el juego justo al finalizar la revolución del bird y magic, elevó el merchandising y el negocio a cotas inimaginables y se llenó la mano de anillos, haciendo a los Bulls la tercera franquicia más laureada de la liga. Y como primero de la clase, tuvo palabras para su público. Tras hablar él, ya no queda nada que decir.
Si Llull hubiera metido el mate, Scariolo hubiera sido un crack. Pero al igual que en el tiro de Lee en la final Magic-Lakers, el poner el balón en manos inexpertas (o las menos adecuadas para el tiro final) no funcionó.



