En un domingo de viento y sol, tras tres días en el Distrito de Columbia visitando infinidad de museos y monumentos, se acercaba el momento, y la entrada ardía ya en la cartera. Un partido a priori interesante entre el equipo local, los Wizards, y los Pistons era la guinda de un viaje corto pero estupendo. Antes del partido tocaba cenar a hora americana (las seis de la tarde), y tras varias vueltas por el China Town que hace esquina con el Verizon Center acabamos entrando en un Hooters, con treinta televisores para ver el March Madness (muy importante en Washington por las muchas universidades) y ocho camareras macizas y sus célebres camisetas ajustadas. Aquí, sin ningún tipo de violencia, ni alusiones, ni malas miradas siquiera, se juntan seguidores de Pistons y Wizards a tomarse unas cañas con alitas de pollo.
Ya toca. En la cola nos mandan a otra entrada, donde pasamos sin problemas con unas medidas de seguridad menores a lo que esperaba (solo mirar las mochilas a quien las llevase) y te cambiaban las bebidas que tuvieras por unas pelucas azules y doradas para animar. Hasta lo más alto subimos, donde nos encontramos con una familia de Vitoria que andaban por allí. Saludos, fotos, y a desear un buen espectáculo.
El entretenimiento viene a cargo del realizador para el videomarcador, quien hasta pone un diablo en la pantalla cuando tiran tiros libres los rivales (el de los blue devils de Duke concretamente). Va enseñando a personas distraídas, parejas que se dan besitos (o incluso incita a ello), mientras poco a poco el pabellón se llena. Las estrellas tiran de modo solitario, y se meten en el vestuario para saltar a la pista cuando quedan 15 minutos para empezar, y van calentando. A la hora, se apagan las luces, himno a capela de una hermosa dama y presentaciones con luces, cámaras y acción. Todos armados con nachos, tacos y un refresco dispuestos a animar durante horas. El pabellón sólo presenta lleno en la parte alta, en la parte baja se veían bastantes asientos vacíos, seguramente por ser semana santa. También se puede ver en un fondo que tienen mesas para cenar, con una vista estupenda.
Tras el salto inicial y los primeros minutos de baloncesto (con cierta indolencia de los Pistons), todo se va sucediendo de forma normal… hasta el primer descanso, en el que la cámara buscaba a gente en el público y les pedía una sonrisa. No está mal para comenzar… Con Sheed en el banquillo por faltas y los wizards a tope, al final del primer cuarto nos salen con un concurso en el que un tipo juega con el favor del público, al tirar un triple que si encesta nos daban un 2×1 en pizzas a todos los presentes. La presión le pudo. Interesante, pero… ¿y las bailarinas?
Pero la cosa va creciendo, ya que el siguiente entretenimiento fue… ¡un concurso de comer palomitas! El campeón del mundo (un tio al estilo de Peter Griffin) se enfrentaba a una niña que se vanagloriaba. Con ayuda del pincha, que tiraba las palomitas fuera del bol, parecía que la niña iba a ganar… pero el campeón acabó echando el resto (de las palomitas) sobre todos los presentes y acabaron arrojándoselas entre todos. Estuvo gracioso, la verdad.
Todos buscando a las cheer-leaders, que se escondían en las esquinas.
Al descanso, unos artistas montaron una cama elástica y empezaron a dar saltos, luego mortales y demás volteretas, solos y en grupo. Sin rastro de las bailarinas, ya es preocupante.
En el tercer cuarto, los wizards aprietan y Butler empieza a intentar romper el aro, pero Rasheed responde con triples y parecen querer ganar el partido… el cámara, mientras tanto, seguía pidiendo besos a la gente, que se los daban, o no, acabando pidiendo el beso a Hayes y Stuckey que remoloneaban en el banquillo.
Tras el romanticismo, salieron las bailarinas, y no duró nada. En lo que tiras dos fotos, se han ido. Toda una decepción…
Y el último entretenimiento fue un concurso de musculitos (bastante desagradable) entre gente del público, que se acaban quitando la camiseta y fardando, en algún caso, de michelín. Ver para creer.
Tras la victoria cómoda para Washington, nos fuimos a dar una vuelta por el pabellón, y encontramos a una bailarina por ahí, de la que robamos un par de imágenes (posadas, no robadas). Muy maja ella. Y como no podía ser de otra manera, el broche final fue la camiseta de los wizards… para irse contento al metro.
http://www.verizoncenter.com/wizards/dance/
Marcos Pita












